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Llega ese momento en el que te reencuentras con personas a las que apenas ves durante el resto del año. Os sentáis alrededor de una mesa hasta altas horas de la noche y la experiencia os llena y os cambia, en cierto modo. Aunque lo parezca no estoy describiendo una escena familiar navideña, sino la reunión anual de la familia startup.

Desde 2012 cada noviembre Sevilla participa en el “Global Startup Weekend”, un acontecimiento de dimensiones planetarias en el que más de 15.000 almas se sincronizan al ritmo de la innovación, el emprendimiento, la creatividad, la pasión, el trabajo en equipo y el esfuerzo. Y pagan por asistir. Y por cada uno de los más de 200 eventos Startup Weekend que se celebran para la ocasión hay mentores, jurado y un equipo organizador y de voluntarios que hace que sea posible por amor al arte. Gratis. Bueno, gratis no. Pero su remuneración no es monetaria, ni siquiera tangible. No podría explicarla, pero basta con espiar al staff, ver sus caras de satisfacción mezclado con estrés para entenderlo.

Pocas veces puedo decir que Sevilla sea puntera en algo. Adoro mi ciudad pero es raro, a día de hoy, que pueda sentirme orgullosa de algo que pasa en ella. La asociación SevillaUP está haciendo que eso cambie, pero uno de los resortes que iniciaron ese cambio fue workINcompany y el primer Startup Weekend organizado por uno de sus fundadores, Jaime Aranda. Alrededor de este primer impulso se ha ido formando no solo un equipo, sino una enorme comunidad de “inquietos” e “inquietas”.

Emprendedores

Qué palabra tan bonita, ¿no os parece? Emprender es iniciar algo. Y al empezar cualquier cosa sentimos ilusión, lo hacemos con ganas, con energía… Al menos por lo general. Sin importarnos que falle, porque si nos equivocamos ya sabemos que podemos emprender de nuevo. De hecho es impresionante ver cómo los equipos participantes tiran abajo sus ideas una y otra vez, la replantean y empiezan de nuevo. Pivotar, a eso le llamamos pivotar. Que es algo que se hace mucho en las startups y poco en la vida, quizá. Startup Weekend son 54 horas para jugar, experimentar, pivotar y volver a empezar. Ese es el emprendimiento del que hablamos nosotros, una filosofía de vida más que una etiqueta.

Observar a los equipos de trabajo tiene un punto hipnótico. Les miras y te preguntas qué planes han rechazado por pasar un fin de semana entero en Startup Weekend. O qué les han dicho en su entorno cuando han contado que se iban a encerrarse en una carpa con doscientas personas para trabajar durante 54 horas viernes, sábado y domingo. Lo mejor es que sus caras reflejan que no querrían estar en ningún otro sitio. No importa que se desesperen, que sea sábado por la noche y tengan que rehacer la idea desde cero. O que se echen las manos a la cabeza con una mezcla de cansancio y agobio. A la mayoría de ellos hay que echarles pasada la medianoche para que descansen algo, porque por la mañana poco antes de las 9 están de vuelta. Un desayuno rápido y manos a la obra de nuevo.

“Del dicho al hecho hay un trecho” dice el refrán. Concretamente ese trecho dura lo que dura un Startup Weekend, podrían decir los participantes. El domingo, una vez que todo termina, se van a casa físicamente muy agotados pero con el coco funcionando a cien por hora. Con una sonrisa en los labios e impregnados con una nueva manera de entender el mundo que les acompañará toda la vida.

Marta G Navarro